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sábado, 17 de noviembre de 2012

dos arenas


o dos orillas
nada más, para empezar
de la palabra a la modulación maritima del quehacer musical
en tres nombres y un apellido

Para empezar, esta noche, esta vez, con los Revueltas.  Tres.  Silvestre, Román, y Julio.  Y aquí, hasta la hermandad, la heredad, la consanguineidad de la música.  O la pasión armónica de



Dos arenas
Como realidad casi transparente y como febril testimonio del hacer del mar de la música en diferentes paisajes, formas de atrapar el mundo de los sonidos, con igual vehemencia: del músico total al comprometido guía al ferviente ejecutante.    

Una manera, nomás, de unir, mediante el reconocimiento sonoro de su estirpe, de su marca, una aproximación, más mínima que clara, a
Los Revueltas

por ejemplo  (como podríamos poner los Ruvalcaba o los Nandayapa: que los pondremos, sin duda, alguna vez)

o como ejemplo de que la casa cuenta mucho cuando las inquietudes se van tejiendo en ilusiones 

o las formas de expresión se manifiestan en los terrenos recorridos por otros de la misma madera, queriendo resonar en los espacios al alcnace, a la mano.

Con tres ejemplos, nomás, de lo que quiero emprender (y aprender de ello) en este empeño por recuperar, también, el silencio de las habitaciones y sus habitantes:  los orificios afectivos y los beneficios de la heredad (por costumbre, por moldura) en el caldero de las artes, en un país tan rico y tan disímbolo y tan variante como el nuestro.

Las historias de cada uno podrán encontrarse o quedar en el papel infinito "costrado" de referncias (útiles, forzosas, posibles) de lo que, en un mismo siglo o bajo la carpa de un apellido podemos encontrarnos.  

Cadenas de papel sonoro que vayan tiñendo las piñatas de nuestras fiestas y nuestros más caros recuerdos, los que pasan y los que se van quedando, a manera de sarape.  Seguimos comenzando.  Entrelazando y dando pie

Así, por ejemplo,

la forma en que las familias entretejen sus tareas

la acabada fórmula de los sonidos como imágenes


la pasión compartida, desgranada, libre



el reconocimiento de la voz 

la plena noche de la música


la recreación bullente

Que la música con cada uno de ellos hable con sus notas y sus logradas (o no) conexiones.  De la palabra al cine o a la sonoridad del radio (de la radio) a la nerviosa posibilidad de las cuerdas a la palabra otra vez…

Sigo en mi empeño, por recuperar, astillas apenas, algunos de los soles que cruzan la geografía y la emoción de la madeja sensible de los elementos que nos pueblan, que nos pueden dar identidad o permitirnos reconocer la cantidad de cosas que no hemos aprendido y la hermosa variedad de lo que podemos recuperar, para nuestro bien y toda la santa estancia sobre una tierra siempre fértil y en perpetuo movimiento.  

Los Revueltas como aproximación.  Como recinto coral para tejer una memoria incierta, siempre viva…



Prometer volver para retomar la otra linea, la del discurso elaborado y canónico, sea acaso lo que siga.  Más adelante.